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Mi hijo quiere hacer pipi solito en el baño de varones. Dónde está mi bebé?

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Agosto 4 del 2003 fue el día que me enteré que estaba embarazada de mi hijo, Emir. Mi periodo se retrasó más de dos semanas, cosa que era totalmente anormal, ya que yo siempre he sido como un reloj en estos temas, pero como hasta los relojes tienen sus problemas, esperé. Ya desde el segundo día de retraso estaba nerviosa, pero me puse todavía peor cuando mi cuerpo comenzó a ponerse raro, ya saben.. más pechonalidad por arriba, caderas abultadas y los típicos malestares matutinos.

Esa mañana de domingo me levanté a las 6 , en realidad creo que no dormí la noche entera, ya que me la pasé pensando en cruzar la calle para comprar un test de embarazo en la farmacia que está abierta las 24 horas. Finalmente estaba lista para hacer la prueba y la ansiedad me estaba matando.

Apenas el sol salió, corrí a comprar el test. La primera línea apareció inmediatamente; la segunda tardó un par de minutos en llegar. Sentí como mis pupilas se dilataron cuando la ví aparecer. Yo nunca he sido muy romántica que digamos, así que para mi lo de correr miles de veces a la farmacia por un nuevo test, era cuento de novelas, pero no, me pasó a mí. Compré más de 5 test de embarazos para ver como la segunda línea aparecía una y otra.. y otra vez.

Ahora cuando pienso en eso, me rió. No estoy segura de que era lo que quería en realidad, quizás estar menos embarazada o hacer pipi el embarazo. Ni siquiera se de dónde salió tanto pipi para los test!

Desperté a mi entonces novio que luego se convirtió en esposo – mitad responsable del suceso – y le dije entre lágrimas que había gastado más de 20 dólares en pruebas de embarazo y que todos venían positivos. Sonrió y me dió un abrazo “Vamos a dormir” me dijo, “mañana vamos a ir a ver que pasa con el doctor”.

El próximo días fuimos al doctor como estaba planeado, me hizo un examen de sangre y por supuesto, estaba embarazadísima. Entonces estaba tomando anticonceptivos, así que no lo podía creer. El doctor me llamó “suertuda” al haberme convertido en parte del 1% de las mujeres que se embarazan tomando la píldora.

Y desde ese día, mi vida cambió para siempre. Las próximas semanas lo único que hice fue llorar, por todo y por nada. Cada vez que abría el ropero me ponía a llorar, pensando que mi hermosa colección de ropa y zapatos ya no me iban a quedar. Y si, yo era ese tipo de mujer que vive en el gimansio y cuenta calorías el día entero, y como nunca había pensado en convertirme en mamá, estaba asustada y confundida.

Pronto mi barriga comenzó a ponerse redonda y firme y mi amor por ese hijo también. Seguía llorando todo el tiempo, pero esta vez eran lágrimas de emoción y de felicidad inmensa cada vez que sentía como pateaba mi estómago o hacía piruetas junto a mi corazón. Me enamoré en cuerpo y alma de esa criatura y acaricié cada parte de su cuerpo a través de mi piel hasta el día en que nació. Le pedí a Dios ser una mejor persona para él.

Cuando nació se veía débil e indefenso. Fue inmediatamente diagnosticado con síndrome de Down, así que la especialista me dijo que no sería capaz de tomar pecho. Esa fue la primera vez que creí en su amor por encima de la lógica, y haciendo a un lado a todos quienes me dijeron que no podría, lo cargué entre mis brazos y lo acerqué a mi pecho, y lo hizo, durante los próximos dos años se alimentó de mi amor.

Han sido años de doctores, especialistas, terapeutas y planes individualizados de educación. Todo ese drama adquirido me hizo sentir que siempre sería mi bebé y que estaría pegadito a mi por el resto de la vida.

Emir en su cumpleaños #8

Pero la vida nos sorprende y no fue así…

Ayer en una visita regular al dentista, me pidió ir al baño “Mami quiero hacer pipi” Cerré mi revista de modas dispuesta a llevarlo al baño de damas conmigo, pero me frenó en el intento “Yo lo hago sólo”

Estaba sorprendida pero decidí seguirlo de todas maneras, pensando en esperarlo en la puerta. Pero me sorprendió otra vez! No quería ir al baño de damas, quería ir al de varones.

“Emir, pero no sabemos quien está ahí adentro,” pero insistió. Abrí la puerta despació, pidiéndole a Dios nuestro señor que no hubiera un hombre haciendo pipi allí adentro. Miré alrededor y gracias a Dios no había nadie, así que le dije “Okay Emir, adelante!” Cuando pronuncié esas palabras sentí escalofríos en todo el cuerpo, y mientras abría la puerta sentí como si estuviera abriendo una gran puerta al futuro y a la independencia.

El necesita crecer yo tengo que dejarlo crecer

Si señores y señoras, estoy asustada! No quiero que mi hijo de 8 años con síndrome de Down vaya sólito al baño! A veces quisiera tenerlo siempre cerca de mi, quiero ser yo la que se aseguré que se ha limpiado bien las nalguitas y tengo en el corazón ese deseo de protegerlo del mundo. Pero él está creciendo y yo me estoy poniendo vieja..madura, digamos! El necesita crecer y yo necesito dejarlo crecer!

Después de todo, él estaba preparado para estar ahí. Lo he estado entrenando para este momento diciéndole siempre cosas como:

-          Solo mamá y papá pueden ayudarte cuando vas al baño. Si alguien más está permtido, yo siempre te lo voy a decir. Nadie más puede tocarte.

-          Mamá o papá van a estar siempre esperándote en la puerta

-          Tu puedes hacerlo todo Emir, tu eres un niño grande!

Aún así, mientras esperé parada en la puerta por menos de 5 minutos, todos estos pensamientos competían unos con otros en mi cabeza. Está bien? ya es tiempo de que entre sólo al baño de varones? Cuándo creció? A qué edad los niños hacen esto? Cómo reaccinan los padres? No quiero que haga pipi en un lugar sucio o en un urinal! Qué pasa si no se limpia bien las nalguitas o no se lava las manos?

Momentos más tarde, Emir salió triunfante del baño con el cabello arreglado después de haberse pasado las manos humedas por el pelo. Su actitud era totalmente normal, como si nada en especial hubiera pasado en realidad, como que yendo al baño de varones por si sólo y por primera vez, es algo que todos los niños tienen que hacer a esa edad.

Después de tan importante evento e indiferente reacción de su parte, me pregunté a mi misma: Dios mío, me estaré volviendo loca, o es que este niño está creciendo muy rápido?

P.S. Investigué a mi llegada a casa y los niños muestras interés en ir al baño de varones cuando tienen entre 6 y 8 años. Los niños con síndrome de Down parecen estar en el mismo rango de edad, así que mi amado Emir, vamos por buen camino!

Pensé que era imposible sentir más amor, pero cada día que pasa te amo todavía más!

El amor nos hace volar y llegar a lugares jamás imaginados!

 

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