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La influencia que el cancer de seno ha tenido en mi vida

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Tenía 8 años de edad cuando escuché la palabra “cáncer” por primera vez. Estaba leyendo un libro en la sala de espera del consultorio mientras mi madre hablaba con su doctor. Nunca esperó recibir esa noticia, de otra manera jamás me habría llevado con ella.

Después de lo ocurrido, le pregunté más de mil veces si todo estaba bien. Todas las veces me contestó que si y que ese no era un tema del que yo debía preocuparme. No pregunté el significado de la palabra, pero su seriedad y silencio me advirtieron que era algo serio.

Era buena fingiendo que todo estaba bien. Hizo algunos viajes buscando una segunda opinión, pero la respuesta siempre fue la misma. Fue diagnósticada con cáncer a la edad de 33 años, lamentablemente para el momento en que decidió afrontarlo, ya era demasiado tarde.

Mi madre fue una mujer maravillosa. Fuerte y valiente. Determinada e independiente. Siempre admiré su hermosura y su inteligencia. Siempre quise ser como ella cuando creciera. Esa era mi mamá: mi héroe, mi modelo de vida.

Pero a pesar de ser la más inteligente y perfecta para mí, era un ser humano común que como cualquier otro comete errores. El suyo tuvo consecuencias irreparables, ya que acabó con su vida en la tierra. Evitó tanto el diagnóstico que cuando finalmente se decidió a enfrentar la realidad y tomar las riendas de su enfermedad, ya no había nada por hacerse.

Fue sometida a una cirugía de emergencia donde le fueron removidos los más de 30 tumores, resultado de meses sin tratamiento. La noche previa, me dió un beso y un abrazo y me recordó que tenía que ser valiente para mi hermano menor. También me dijo que confiaba en mí. Me sentí orgullosa.

Cuando volvió a casa, algo era diferente. Su pecho estaba vendado completamente. Se comportaba tímida y siempre trataba de cubrirse para que no podamos verla. Tenía mucha curiosidad de ver, hasta que un día lo hice y entendí porqué estaba tan triste. Su pecho izquierdo había sido mutilado. No quería que sepamos, pero no hay nada que pueda esconderse de un niño.

Mi madre y mi hermano por el 1986.

Mi madre era un hermosa mujer de grandes ojos verdes y un cuerpo escultural. Se divorció de mi padre cuando yo tenía sólo 3 años. Nunca volvió a tener una relación amorosa después de ello, por lo menos no que yo hubiera sabido. Pero después de perder el seno, nunca volvió a ser la misma y cerró todas sus puertas a una nueva relación.

Cinco años después cuando yo tenía 13 años, fuimos juntas a conocer al cirujano plástico que le reconstruiría el seno y parte del pecho. Estaba feliz, y juntas escuhamos al doctor mientras nos explicaba cómo sería el proceso. A pesar de que nunca lloraba, pude ver en sus ojos lágrimas de emoción. Caminamos de vuelta a casa mientras hablábamos de esas cosas que sólo una madre e hija pueden hablar.

Le dí un beso y un abrazo antes que entrara a la sala de operación. Después de un par de horas volvió en una camilla todavía inconsciente. El doctor me dijo que todo había salido muy bien, pero mientras le acariciaba la cabeza sentí una protuberancia. El cáncer volvió inmediatemente después de la intervención quirúrgica.

Su deseo de un nuevo comienzo fue su sentencia de muerte y el comienzo del final. El cáncer volvió más fuerte que nunca y se apoderó rápidamente de sus huesos y de sus órganos internos. Durante los últimos años de su vida se dedicó a dejarme lista para la mía.

A sus 18 años.

En Diciembre del 1993 me ayudó a escribir mi primera Hoja de vida. Apliqué para un trabajo como recepcionista en un hotel cercano a mi casa. Para mis 15 años yo ya estaba trabajando y construyendo mi destino. Siempre supo que el cáncer limitaría su vida, así que no perdió oportunidad para entrenarme. Aprendí Inglés, Francés, liderazgo, música, lectura avanzada, escritura y todo lo que estaba a su alcance. Alimentó mi corazón con fortaleza y con calma a la vez, para el día en que finalmente se iría para siempre.

Cuatro meses más tarde llegó el día en que partió. Ya han pasado 18 años desde entonces, y cada año que pasa la extraño todavía más. La extrañé mucho los días en que nacieron mis hijos y la hecho de menos más aún cada que vez que me percato de que madre sólo hay una en el mundo y la mía se ha ido.

Octubre es el mes de concientización del cáncer de seno, y mi mejor manera de hacer conciencia es compartir mi historia personal, recordándole a las personas la importancia de la prevención y la detección temprana. Yo se lo  difícil que es crecer sin el amor de una madre, y también que ningún niño merece sufrir este dolor. Cuidemos de nosotras mismas. Nuestros hijos cuentan con nosotras.

Sigue a Eliana Tardio en twitter, facebook y youtube. Escribo en Español en  www.elianatardio.com

 How breast cancer has influenced my life

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