Un niño superdotado o un niño con discapacidad. La única diferencia, son las etiquetas

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Me encantaría decir que el título de esta publicación es el  fruto de mi inspiración, pero no es así, es en realidad el resultado de una interesante conversación con una de las compañeras de escuela de Emir. Todo comenzó así:

Dos semanas atrás Emir trajo su libreta de notas trimestral. Su rendimiento no es el mejor de todos y está obviamente por debajo que sus compañeros típicos. No puedo mentir, cada vez que sus notas están bajas, me cuesta evitar sentirme triste y desilusionada, no de él, sino de mi misma y de mi papel como mamá.

Esos son los días cuando siento que no estoy haciendo todo lo que debo. Esos son los días en que siento que debería renunciar a mis sueños de escritora y bloguera para dedicarle más tiempo a él. Esos lo días difíciles de mi vida cuando siento que no tengo derecho a pensar en mi misma, porque nadie me necesita más que él y nada vale la pena si no puedo darle una vida típica libre de prejuicios.

Sólo Dios sabe lo dificil que es para una madre controlar la ansiedad en estos momentos, asi que sin quererlo comencé a pensar en las cosas que hemos conseguido, en todo lo que tenemos y no quisiera perder. En lo duro que es vivir queriendo probarle a la gente que sí puede para que no dejen de darle la oportunidad.

Asi que por supuesto no esperé ni un minuto más y tomé al toro por los cuernos, y en vez de esperar que la profesora me cite a mí, la llamé y le pedí un cita. Accedió y me dijo que me vería en la escuela en dos días a primera hora de la mañana.

Finalmente el día llegó y decidí llevar a Emir conmigo en vez de enviarlo en el autobús. Cuando crucé la entrada, me sentí como una niñita pequeña otra vez. Estaba nerviosa y preocupada, mientras pensaba en cómo abordar el asunto, en la manera de hablar con claridad defendiendo mi punto de vista acerca del rendimiento de Emir y la necesidad de seguir buscando maneras para que se pueda adaptar a la educación de la clase para sacarle su máximo provecho.

Caminaba por los grandes pasillos de la escuela tomada de la mano de Emir para inyectarme valor, cuando de repente escuché a lo lejos una voz chillona gritando “Emir, espera por mí” Emir no paró y en realidad comenzó a caminar más rápido tratando de ignorar la voz. Le pedí que esperarámos a su amiga pero no me hizo caso. A pesar de todo, la niña fue más rápida de lo que pensábamos y cuando me di cuenta, allí estaba ella a mi lado mientras le daba un fuerte abrazo a Emir.

“Hola mamá de Emir! porque usted es la mamá de Emir, no?” Yo seguía sin entender que pasaba cuando le contesté que sí. Eso fue todo lo que necesitó para empezar a hablar de Emir, de su comportamiento, sus logros y del tiempo que comparten juntos.

Me dijo “Estoy muy feliz de conocerla, porque he estado hablando con mi mamá de Emir. Desde el comienzo me dí cuenta que no habla mucho, pero no importa porque me gusta mucho. Es que Emir es tan lindo! pero bueno, mi mamá me lo explicó todo. Yo entiendo que Emir va más lento que yo, pero eso no es un problema porque yo estoy aquí para ayudarlo. Es un niño muy bueno, así que no hay de que preocuparse porque va a estar muy bien”

No podía salir de mi sorpresa mientras la escuchaba. Calló por dos segundos para respirar, así que aproveché la oportunidad para preguntarle su nombre. “Sara! mi nombre es Sara”, me dijo. Como era de esperarse me dió mucha más información, también me dijo que tiene 6 años, que es hija única, que es superdota y que su mamá está muy orgullosa de ella.

Y ese fue el momento en el que me animé a correr el riesgo y le pregunté: “Y cuál es la diferencia entre Emir y tu?”

Se encogió de hombros y me dijo: “En realidad, yo no veo diferencia alguna entre nosotros. Lo único que me preocupa es que Emir se tarda mucho para comer su almuerzo, pero ahí estoy yo, recordándole que tiene que apurarse para que no nos sorprenda la campana”

Entendí entonces la reacción de Emir con respecto a ella. Un típico niño varón, tratando de evitar a la típica niña que nunca para de hablar.

Fue tan entretenida la conversación, que sin darme cuenta llegamos al salón de clase. Le pregunté si quería entrar primero y me dijo que no, porque como es superdotada, tiene una clase especial antes. Siguió caminando mientras nos sonreía y se despedía agitando la mano.

Respiré una vez más para cargarme de valor antes de abrir la puerta y mientras tomaba la manija, volví a escuchar la voz del otro lado del pasillo “Mamá de Emir, no se preocupe! Emir va a estar bien”,  y eso fue todo. No pude seguir evitando aceptar el milagro o la coincidencia que esta pequeña superdotada había traído a mi vida en el momento en el que tanto necesitaba tener fe.

La reunión con la maestra nos fue muy bien. Le conté mi experiencia en el pasillo de la escuela y se sonrió confirmándome, que todos quieren y aceptan a Emir tal y cual es, y que sí, no hay nada de que preocuparse, porque sus compañeros comprenden que todos tenemos formas diferentes de ser  y aprender.

Dedicado a Sara, un verdadero regalo a nuestro mundo.

“Los niños no son más especiales porque son superdotados o porque tienen discapacidades. Los niños son especiales por el solo hecho de ser niños, y muchas veces, Dios utiliza sus voces para traernos grandes mensajes de amor y esperanza. Sólo hace falta estar dispuestos a escucharlos”

Sigue a Eliana Tardio en twitter, facebook y youtube. Escribo en www.elianatardio.com

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